Paco
Salinas
Fotógrafo, editor gráfico, productor cultural
Murcia, 1953
Empezó en los años 70 diseñando revistas y folletos de exposiciones fotográficas. La primera revista cultural murciana de la transición democrática, El Rotativo Cultural, fue uno de sus primeros trabajos como editor gráfico.

A continuación , la primera parte de una larga entrevista a Paco Salinas (el nombre público de Francisco Salinas Leandro), que se ofrece, completa, al final.
¿Cuáles fueron tus inicios, qué cualidad o habilidad crees que te distingue en tu campo y cómo esta fortaleza ha contribuido a tu éxito como diseñador gráfico?
Tengo indicios, pero no certezas. Hay una cosa que nadie sabemos: cómo vemos y cómo ven los demás. El misterio de la percepción de lo que llamamos realidad física. Según Pessoa: lo que vemos no es lo que vemos es lo que somos.
Es cierto que al ser fotógrafo, se supone que has profundizado en la mirada o, al menos, que tienes una experiencia acumulada sobre el hecho de mirar y ver. También cuenta ser durante muchos años comisario de exposiciones y editor de libros. El conjunto de toda esa experiencia en torno a la imagen te aproxima a entender cómo ven los demás. Eso puede contribuir a entender cómo ves tú. Empecé en los años 70 diseñando revistas y folletos de exposiciones fotográficas.
La primera revista cultural en plena transición, El Rotativo Cultural de 1978, fue uno de mis primeros diseños y edición gráfica, que hice con Ángel Montiel que fue su director. Así creamos una revista que ha soportado bastante bien el paso del tiempo. Mi primera experiencia en publicaciones fue como colaborador en el diario La Verdad en 1976, yo tenía veintidós años. Como fotógrafo primero y pronto también escribía mis propios artículos, que se publicaban los domingos. Ahí aprendí lo que es el periodismo gracias a su director de entonces, Juan Francisco Sardaña, y también lo que es la puesta en página: el diseño. Diseñar, para mí, empezó por saber colocar fotografías en una página y organizar columnas de texto. Ya en los años 80, tras una experiencia bastante dilatada en prensa —estuve dos años como jefe de fotografía del diario Canarias7, de 1982 a 1984—, adquirí conocimientos para empezar entender la potencia de una imagen y lo que puede significar.
Fue a partir de 1984 cuando ya empecé a diseñar carteles, partiendo de fotografías como elemento central. Uno de los primeros carteles institucionales y de amplia difusión que realicé fue el de la Feria de Septiembre de Murcia, precisamente ese 1984. A partir de ese momento, realicé carteles de teatro, porque trabajé como fotógrafo de escena para Arena Teatro y otros grupos nacionales de teatro contemporáneo. El primer cartel para Arena Teatro fue «Fase 1: Usos Domésticos» compuesto en base a una fotografía mía del actor Enrique Martínez. También diseñé el logotipo de la compañía, que aún hoy día se sigue usando sin necesidad de reformas.
También fue toda una experiencia en los años 80 tener un artículo mensual en la contraportada de la revista Campus que, precisamente, compartía página con tu tira El loco del claustro.
Hacer diseño gráfico exige dominar la tipografía, entender las imágenes, los espacios en la página, las técnicas de impresión y los recursos económicos
disponibles.
Recuerdo perfectamente lo laborioso que era trabajar con Letraset para hacer la composición tipográfica a través de transferencias de letras recortadas en una delgada lámina de plástico y adherida a un papel vegetal. Eran alfabetos completos con las letras repetidas, que se compraban en la librería La Técnica y, a veces, no tenían la que uno quería y había que apañarse con la disponible. A partir de esas fechas hacer carteles fue una constante. Muchos de ellos los ha reseñado Pedro Manzano en su investigación «Cartel y Diseño en Murcia», editado en 2024.
Con Pedro Manzano hice los carteles del Festival de Orquestas de Jóvenes. Nos complementábamos bien, porque a Pedro le gustan mucho las tintas planas, y yo, como fotógrafo, sabía que las cosas necesitan blanco, o sea, que tenía que haber luz. Ahora Pedro es un maestro con una forma de diseñar muy suya que ha ido enriqueciendo y perfeccionando a lo largo de los años.
Ser fotógrafo y diseñador fue un camino nuevo en Murcia. Antes de los años 80 del siglo XX, lo más frecuente era usar el dibujo. También como diseñadores fotógrafos destacaron Antonio Ballester (un genio) y Ángel Fernández Saura, ambos con carteles memorables.
En el año 1992, hubo un salto cualitativo de mis conceptos sobre diseño, cuando empezamos con Mestizo. Dejé de hacer diseños por encargo y me centré en diseños con imágenes, pero con interiores atractivos y funcionales para poder transmitir de manera legible la complejidad de todos los contenidos de las actividades multidisciplinares que programábamos.
¿Cómo ha evolucionado tu enfoque del diseño gráfico a lo largo de tu carrera? ¿Y qué factores consideras que han influido en esos cambios?
Hay un factor decisivo por el que todavía estoy luchando y es el ámbito de la edición gráfica. Los diseñadores gráficos tienden a crear imágenes basadas en color y tipografía, pero cuando hay que manejar fotografías de autor o simples fotografías, para hacer un libro, por ejemplo, se echa de menos un mayor entendimiento de lo que significan las imágenes para poder ponerlas en página de manera armónica. Es igual que la distribución de una exposición en una sala, ahí tienes que entender la obra, no te puedes apoyar en adornos que distraigan de lo fundamental, que es la obra. Por otra parte, está la legibilidad de los contenidos. No puedo concebir un díptico donde se pone un fondo jaspeado o un fondo marmoleado, porque no se lee el texto. Tampoco se debe poner una letra en azul claro sobre un fondo azul oscuro. Son cosas de cajón y las veo con cierta frecuencia. Creo que hay que insistir en profundizar en la edición gráfica y en la legibilidad del contenido.
Algo fundamental en el diseño es leer y estudiar el contenido. El diseño empieza por leer los textos, estudiar las imágenes, entender a quién va dirigida la comunicación y sólo después de haber entendido todos esos factores, viene tomar las decisiones de diseño y edición gráfica.
Para hacer un buen producto gráfico necesitas leer y comprender los contenidos. Editar un libro, un folleto, un cartel… Sin entender el contenido o sin saber cuál es su función, está abocado al fracaso. Aunque ahora se encuentran diseños muy floreados y aparatosos, pero no transmiten el contenido de forma legible, no cumplen su función, son malos diseños. Pero gustan a ciertos sectores que quedan epatados, pero no los leen ni profundizan y por tanto, el fenómeno se repite. Es un problema de atención, algo común en estos tiempos.
Haré un símil como escritor de artículos en prensa: hace unos meses escribí un reportaje sobre el quincuagésimo aniversario del Club Fuensanta de Actividades Subacuáticas y la introducción de una imagen de la Fuensanta en una cueva submarina, para el diario La Opinión. A pesar de que fui de los primeros miembros del club, lo viví de primera mano y tengo recuerdos nítidos, para escribir el artículo me documenté con los periódicos de la época y con entrevistas a compañeros mayores que yo. Ninguno de esos datos se reproducían de manera explícita en el artículo pero, sin esa información, lo expuesto hubiese sido endeble y probablemente errado. Aplícalo al diseño.
Influyó mucho en mí la etapa de Mestizo, porque teníamos unos recursos muy limitados y había que hacer un montón de folletos, programas, carteles, catálogos, libros,… Fui yo quien asumió esa tarea, porque tenía ese bagaje. En cuanto hubo ordenadores, me puse a aprender a manejar programas de diseño. Ahora parece una boutade, pero en aquella época un ordenador era algo novedoso y complejo.
El primer ordenador que toqué fue en 1992, manejando un programa con una base de datos que tenía Arena Teatro. Pero aquello no funcionaba, se habían metido todas las direcciones, pero yo quería seleccionar gente de Murcia sola, de la ciudad y no era posible, porque los datos introducidos no se habían sistematizado. Me quedé ahí varias noches hasta que entendí cómo funcionaban las bases de datos. Así comencé a entender la lógica de lo digital. Los folletos de Mestizo tenían 48 páginas que correspondían a 44 actividades, más créditos y formalidades. Eso necesariamente tenía que tener diseño, tenía que ser atractivo, pero sobre todo tenía que poder leerse. Se requería un diseño muy funcional, lo importante era que el folleto transmitiera.
En 1994 comencé a editar libros en Mestizo, fundamentalmente de fotografías, aunque también ensayos sobre imagen. Me di cuenta de que la edición gráfica es lo mismo que ser comisario de una exposición. Cuando editas libros de fotógrafos vivos o ya fallecidos, el respeto y el entendimiento de la obra tienen que ser fundamentales, porque ahí no cabe que se note al diseñador. El diseñador no tiene que aparecer; lo único que debe lograr es que se pueda leer y, sobre todo, ver las imágenes adecuadamente. Creo que, antes de irme, tendría que explicar o dar un curso sobre edición gráfica, sobre cómo se lee la imagen, porque eso es parte del trabajo.
En estos últimos cuatro o cinco años estoy viendo algunos libros de imágenes de fotógrafos, fundamentalmente catálogos de exposiciones institucionales y también en empresas privadas como La Fábrica de Madrid, que me generan cierto conflicto. Creo que el diseño del catálogo ha evolucionado hacia una especie de espectáculo resultón. Es como si el interés del diseñador fuera presentarlo a los patrocinadores, intentando conseguir su aprobación al primer vistazo, simplemente epatando, sin valorar las cuestiones importantes del autor y su obra, que deberían ser la base del diseño editorial.
Quiero que hables de Mestizo; para ti y muchos más creadores de Murcia fue algo fundamental. Háblanos un poco de Mestizo.
Mestizo fue una asociación cultural sin ánimo de lucro formada por miembros de la sociedad civil organizados para el fomento del arte y la cultura. Fundada en noviembre de 1992 por un grupo de cinco personas que decidimos intervenir en la vida artística y cultural con iniciativas propias y sin aceptar nada en sus programaciones fuera de sus objetivos.
En la España posterior a las Olimpiadas de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, los llamados «fastos del 92», surgieron diversas iniciativas por toda la geografía española en torno al arte y la cultura, la mayoría propiciadas desde la sociedad civil. Hubo un evento importante en Cuenca en 1993, La Situación, que sirvió para ponernos en contacto entre todas las iniciativas similares surgidas a raíz de los citados fastos. Mestizo fue uno de los miembros fundadores de RED ARTE ―Red de Colectivos Independientes para la Gestión y Difusión del Arte―, junto a Trasforma de Vitoria. Esa etapa de impulso desde la sociedad civil duró unos años, hasta entrado el siglo XXI. Esa efervescencia propició experiencias y aprendizajes compartidos que conformó una serie de proyectos importantes que han perdurado en el tiempo y que se diferencian de otros surgidos a partir de 2010 que tienen un componente diferente a los primigenios.
Mestizo realizó sus propias actividades y tuvo repercusión regional (fortaleció mucho el eje Murcia-Cartagena), nacional e internacional, por su diversidad de acciones. De esa efervescencia de Mestizo salió La Mar de Músicas con su Mar de Arte y su Mar de Cine, gracias a la determinación de Paco Martín, miembro fundador de Mestizo y alma mater de La Mar, tristemente fallecido en 2018.
La Filmoteca Regional de Murcia, que ya había tenido unos intentos de creación y algunas actividades, surge definitivamente después, con la compra del cine Salzillo por la CARM, gracias al tesón y la sabiduría de Joaquín Cánovas, también miembro fundador de Mestizo, que fue su director en esa primera etapa. Una Filmoteca Regional que llega hasta nuestros días afianzada como un pilar importante de la cultura en la región.
En el año 2001 se crea Fotoencuentros, financiado por Fundación Cajamurcia y apoyado por Ángel Campos, director del Centro Cultural Las Claras, que son dirigidos y producidos por este entrevistado, también miembro fundador de Mestizo.
Los huicholes dicen que todo es por “algo”. Ese algo en el caso de Mestizo se debe a la práctica de la fotografía. Ser fotógrafo es trabajar en muchos campos y conocer experiencias de otros. Trabajé desde 1984 años como fotógrafo con Arena Teatro por invitación de Vicenta Hellín, grupo dirigido en aquella época por Esteve Graset (fallecido prematuramente en 1996), grupo del que también formaban parte Pepe Esteban y Sebastián Ruiz. Así como los actores Enrique Martínez, Pepa Robles, Elena… el músico Pepe Manzanares. Con ellos conocí el teatro contemporáneo.
También trabajé con Joaquín Cánovas, director de la Semana de Cine Español de Murcia que confió en mí para dirigir el periódico Semana de Cine que se hacía diariamente durante los nueve días del festival, así conocí a Joaquín y el cine español.
En 1992 se hizo la película El infierno prometido de Juan Manuel Chumilla, en la que trabajé junto al artista y amigo Ángel Haro, como escenógrafos. Ese año rodamos Paco, mi padre de Benito Rabal en la que de nuevo Ángel Haro y yo fuimos los directores artísticos. Hicimos ese mismo trabajo para el Homenaje a Paco Rabal en el World Trade Center de Sevilla, que después se hizo en el Teatro Romea de Murcia. Además Ángel y yo tuvimos una beca en Nueva York en 1985 y volvimos en 1987, y colaborábamos en proyectos artísticos.
En Arena me decían que “había que hacer algo”, yo creía que “había que hacer algo”. Como yo era el que conocía y había trabajado con todos, convoque una reunión en el local de Arena que estaba en la calle San Cristóbal, 3, un poco más allá de las cuatro esquinas. Ahí nos juntamos y dijimos: “Oye, vamos a hacer un festival multidisciplinar de las artes. Cada uno va a aportar su experiencia en su sector y a programar su área y vamos a ser un colectivo».
Alguien dijo: “Oye, ¿y la música?”, entonces salió el nombre de Paquito Martín. Yo a Paquito Martín lo conocía de Los Urrutias, también había ido a conocer el Arlequín en Cartagena, uno de los primeros bares con música en directo que fundó junto a María Balanza. Lo llamamos, y se incorporó al colectivo.
Así arranca Mestizo, esos fuimos los miembros fundadores. Después del primer festival en 1993, Arena manifiesta que la producción teatral necesita una serie de recursos que no disponemos en Mestizo y deciden seguir su propio camino. Ángel Haro en 1994 después del segundo festival de Mestizo, dice que él es artista y que ya ha tenido bastante de gestión que vuelve a su estudio. A partir de abril 1994 quedamos Joaquín, Paquito y yo, y seguimos adelante
La sede se estableció en la galería Yerba -en la calle Vinadel (ahora Vinader), 6 en Murcia-, en la sala de exposiciones sita en el sótano de la librería, gracias a la generosidad y el amor al arte de José López Albaladejo (Larry) y de Gabriel Batán (Tati). Allí estuvimos hasta 2003 en que el local cambió de dueño. Actualmente sigue con el exterior original que diseñó el arquitecto Juan Antonio Molina, perfectamente reconocible y cerrado.
Joaquín propuso las actividades de cine en VOS que fueron un éxito absoluto y una fuente de financiación importante que nos proporcionaba independencia.
Los lunes había tres pases en los que a menudo se llegaban a vender ochocientas entradas, todas las que se ponían a la venta. Joaquín en eso tenía buen conocimiento y mejor ojo. Se hicieron ciclos de conciertos de la música que le gustaba a Paco que fue un descubridor y un pionero de las músicas del mundo. Los ciclos de conciertos también fueron una fuente de ingresos que nos permitió financiar otras actividades. Yo me dediqué a la parte de fotografía, con especial énfasis en abrir una línea editorial de fotografía, también me interesaba la poesía y otras disciplinas. Trajimos poetas raros y a artistas muy interesantes, pero poco conocidos. También apoyamos a artistas que empezaban. En 1994 empezó la edición de libros bajo el sello Mestizo que a día de hoy sigue activo con 56 títulos publicados y con librería en la red.
http://www.mestizo.org
La edición de libros tuvo éxito e hicimos un circuito de distribución nacional e incluso nuestros libros se distribuyeron en otros países. Las ventas de libros también fueron una fuente de financiación. La librería del Museo Reina Sofía tuvo en su sala de entrada un espacio dedicado sólo a los libros de Mestizo. También organizamos viajes: Ballenas y cactus en Baja California, México, varios años; Museo Guggenheim, Bilbao, recién abierto, de hecho fuimos el primer grupo en visitarlo; Marruecos sur, un recorrido por el valle del Draa hasta el Mahamid en la frontera con Argelia; Lisboa para la inauguración del centro de arte de Belem. Siete encuentros de Amigos de Mestizo: Murcia; Sevilla; Montevideo, Uruguay; Ciudad de México, México; Los Cabos, Baja California Sur, México; Barranquilla, Colombia; y Segovia. Exposiciones, talleres, conferencias, mesas redondas y todas las actividades que se hacen en torno al arte y la cultura. http://www.mestizo.org/acerca_de/resumen.html
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Juan Álvarez Montalbán, entrevistador.
Desiderio Guerra, editor.










